Inteligencia Colectiva

por una antropología del ciberespacio

Pierre Lévy

14. Epistemologías

Tierra: la carne

En la Tierra, el sujeto del conocimiento es el clan, todos los miembros del clan, el clan que aprende y que sabe trasmite, de una generación a otra, manteniendo así la duración del conocimiento. El conocimiento se distribuye en el sujeto colectivo. Es inmanente a su ser, a su vida, a sus prácticas. Por ello, y si la división del trabajo y de las funciones no está muy avanzada, un pequeño grupo - o en todo caso una sola persona - puede dominar el conjunto de los conocimientos.

El soporte del conocimiento, la enciclopedia de la Tierra, no es otro que la Tierra misma, lo que ya hemos visto. Pero son los cuerpos hábiles, experimentados, sus memorias, sus actos reiterados, los que portan el conocimiento del mundo. En la Tierra, cuando un anciano muere, es una biblioteca que se quema.

El conocimiento terrestre está encarnado. Aquí es la intuición la que descubre y la carne la que recuerda. Quizás la fenomenología o el empirismo radical son las teorías del conocimiento que mejor corresponden al primer espacio antropológico.

Territorio: el Libro

En el Territorio, el sujeto del conocimiento es la casta de los especialistas de la escritura, el grupo de los hermeneutas, el cuerpo de los guardianes de sistemas. El conocimiento territorial es un campo reservado, confiscado, trascendente. Cerrado al exterior, como un libro sellado. Cerrado, dividido, jerarquizado en el interior según particiones complicadas, círculos concéntricos, grados sucesivos de difícil acceso. El conocimiento es aquí a imagen del Territorio: rodeado de muros, deja fuera a los campesinos, a los ignorantes. Pero una vez pasada la puerta de la ciudad, queda aún por penetrar en los recintos sucesivos de los templos, en las cámaras secretas de las pirámides.

El Libro porta el conocimiento territorial. No los libros, ni la biblioteca, sino El Libro: la Biblia, el Corán, los textos sagrados, los clásicos, Confucio, Aristóteles… El Territorio no lee y no escribe más que para interpretar el Libro, el Libro o la Palabra infinitamente interpretable que contiene todo, que explica todo, que puede interpretarlo todo. El Libro o el sistema. La hermenéutica o la deducción: imperios en expansión, historias que se desarrollan a partir del origen del fundamento, figuras del Territorio. A su vez, el sistema es una arquitectura bien fundamentada, una pirámide, una fortaleza.

Como la semiología, la epistemología parece haberse detenido mayoritariamente en el Territorio. La dialéctica de la teoría y de la experiencia depende claramente de un diagrama territorial: el cielo teórico domina y organiza la práctica o la experiencia nómada, terrestre. Y cuando se dice que la práctica o la experiencia repercuten en la teoría, o la enriquecen, o la refutan, nos quedamos en el interior del mismo esquema vertical. No es de ayer que las sombras sobre la Tierra de los relojes de sol y del gnomon1 sirven para conocer y medir el cielo. Pero es aquí también el cielo que se mide, se proyecta y se refleja en sí mismo. En fin de cuentas, la Tierra solo está ahí para exaltar el cielo, sus leyes, su trascendencia, su universalidad. La epistemología difunde la música de las esferas, no el canto de la Tierra. Sin duda alguna, el conocimiento territorial se apoya en una dialéctica del cielo y de la Tierra: sin experiencia ni práctica, no hay teoría. Pero es siempre la teoría que dice la verdad.

La oposición del racionalismo y del empirismo común, como la del sujeto trascendental y del fenómeno, pertenecen aún al mismo espacio territorial, a la misma separación vertical. En cuanto a la historia de las ciencias, concebida como sucesión de paradigmas2 ella niega la superficie o la horizontalidad del Territorio: cimiento, estabilización de un campo o de un terreno, decadencia, derrocamiento por un nuevo paradigma conquistador. Diríamos la historia de los imperios, la Historia sencillamente. La epistemología por paradigmas solo hace seguir el hilo del tiempo territorial.

Espacio mercantil: el hipertexto

En el espacio de las Mercancías, el sujeto del conocimiento es el complejo militar, industrial, mediático y universitario que se llama en la actualidad la tecnociencia. En vez de permanecer como guardiana de un templo reservado, la tecnociencia es un motor que arrastra tras de sí la evolución acelerada, caótica, de las sociedades contemporáneas. En el tercer espacio, el conocimiento ya no está encerrado, atado por un candado como un tesoro, sino que se filtra por todas partes, se difunde, se mediatiza, propicia en todas partes la innovación. La tecnociencia, cuerpo canceroso del conocimiento colectivo, hace metástasis anárquicamente. El conocimiento ya no es una pirámide estática, crece y se desplaza por una extensa red móvil de laboratorios, de centros de investigaciones, de bibliotecas, de bancos de datos, de procedimientos técnicos, de medios masivos, de dispositivos de registro y de medida, red que no cesa de extenderse con el mismo movimiento entre los humanos y los no humanos, asociando moléculas y grupos sociales, electrones e instituciones.3

El siglo XVIII de Robinson Crusoe y de la Enciclopedia señala quizás los límites de una era en la que un solo ser humano podía abarcar la totalidad de los conocimientos. La enciclopedia del espacio de la mercancía no se basa más en la memoria de cuerpos vivos, ni en un Libro, ni en algún sistema cerrado: ella circula en un espacio de traducciones y de remisiones de las que Michel Serres mostró que Leibniz fue el primer pensador.4 Diderot y D’Alembert ya han abandonado el diagrama arquitectónico, la jerarquía bien ordenada, ya que la Enciclopedia está clasificada en desorden alfabético. La verdadera organización del hipertexto se encuentra en la red de sus remisiones internas. La biblioteca enciclopédica desecha el Libro. Y la biblioteca se extiende, sobrepasa, trata de orientarse a sí misma por medio de sus ficheros y de sus índices. Las citas y referencias dibujan una red de las lecturas, de las circulaciones en el conocimiento que socavan las antiguas fronteras. Pronto, las publicaciones científicas se multiplican, crean multitud de artículos que alimentan a la vez innumerables bancos de datos. ¿Cómo clasificar, organizar la información científica y técnica, y también las imágenes de los museos, de los archivos audiovisuales y la marea creciente de información general? Los esfuerzos poco hábiles para utilizar al respecto los cuerpos rígidos de las viejas disciplinas solo conducen al fracaso, cuando el conocimiento solo vive en las márgenes movientes, en las encrucijadas, en las interferencias, cuando todo es cuestión de "import-export".

La tecnociencia no produce solo un conocimiento del caos, del fractal, ella fabrica igualmente un conocimiento caótico, dispersado. Entonces, de nuevo, hacemos circular, difundimos: coloquios, conferencias, simposios, profesores invitados, estudiantes extranjeros, encuentros pluridisciplinarios, mediatización, guerra de las ondas, comunicados: cacofonía. Se cree que la comunicación consiste en recibir y trasmitir mensajes y entonces, fatalmente, mientras más se "comunica", menos se escucha. El Espacio de las mercancías condena al ruido de fondo, a las muchedumbres agitadas, a los grandes números. Y la cientometría establece imperturbablemente sus estadísticas de publicaciones y de depósitos de patentes.

Los paradigmas no tienen más validez, ya no se tiene el tiempo de constituir territorios, ya este no es el problema: es necesario difundir, circular, constituir una red. Ya no es tiempo de teorizar: se establecen modelos, se simula, se opera. La "premiere" televisada, la simulación, la "demo" infográfica son a la teoría lo que el clip audiovisual es a la novela clásica. La ciencia y los medios masivos se hacen eco, se penetran mutuamente, contribuyen a inflar la esfera de los signos sin ataduras. Los escenarios informatizados se multiplican, sobre el origen del universo, la guerra nuclear, el orificio de ozono o la economía mundial. Estos escenarios son el fruto de una especie de imaginación asistida por ordenador5 cuya aceleración deja lejos, detrás de sí, las figuras de la epistemología ordinaria. La experiencia y la teoría, nostálgicas, se miran sin decir nada y con hostilidad entre los paradigmas abandonados del Territorio.

Espacio del conocimiento: la cosmopedia

En el cuarto espacio, el conocimiento es inmanente al intelecto colectivo. Pero no se trata de un simple y puro regreso a la Tierra, ya que si el conocimiento es inmanente a su sujeto, es de una inmanencia radical que logró atravesar a la vez el Territorio y la deterritorialización: una inmanencia sin unidad ni código.

El conocimiento de la comunidad pensante ya no es un conocimiento de la generalidad de los hombres, pues es ya imposible que un solo ser humano, o incluso un grupo, domine todos los conocimientos, todas las competencias, es un conocimiento colectivo en su esencia, imposible de recoger en un solo ser. Sin embargo, todos los conocimientos del intelecto colectivo expresan devenir singulares, los cuales componen mundos.

El colectivo inteligente ya no es el sujeto cerrado, cíclico, de la Tierra, reunido por lazos de sangre o de transmisión de relatos. Es un sujeto abierto a otros miembros, a otros colectivos, a nuevos aprendizajes, que no cesa de integrarse y desintegrarse, de nomadizar en el Espacio del conocimiento. En el cuarto espacio, el sujeto del conocimiento se constituye por su enciclopedia. Porque su conocimiento es un conocimiento de vida, un conocimiento vivo, él es lo que sabe. Es precisamente esta construcción recíproca de la identidad y del conocimiento lo que nos hizo nombrar el cuarto espacio antropológico: el Espacio del conocimiento. La línea filosófica abierta por Kant abandonó la ontología, o pensamiento del ser, para consagrarse solo a la epistemología, a la teoría del conocimiento. Contrariamente al criticismo kantiano, la perspectiva abierta por los intelectos colectivos hace coincidir a la epistemología con la ontología: tantas cualidades de ser como de maneras de conocer.

Enciclopedia significa "círculo de los conocimientos", ciclo del conocimiento o de la instrucción. El círculo es una figura que, aunque cerrada y ofreciendo una cierta imagen del infinito, solo presenta una única dimensión. Es una línea. Esta figura refleja bien, pues, un conocimiento mayoritariamente expresado en forma de texto. Ya que el texto también es físicamente lineal (aún cuando su estructura semántica es mucho más compleja). El cierre de la línea (su puesta en ciclo) connota la operación de remisión indefinida característica de la enciclopedia. Aunque el término provenga de la Antigüedad, la enciclopedia propiamente dicha es la forma típica de la totalidad de los conocimientos en el Espacio de las mercancías.

En el cuarto espacio, hemos nombrado, junto a Michel Authier, cosmopedia6 a un nuevo tipo de organización de los conocimientos que reposa ampliamente en las posibilidades abiertas desde hace poco por la informática para la representación y la gestión dinámica de los conocimientos. ¿Por qué nombramos a la suma organizada de los conocimientos por el cosmos y no por el círculo? Más que a un texto de una sola dimensión, o incluso a una red hipertextual, estamos frente a un espacio multidimensional de representaciones dinámicas e interactivas. Al cara a cara de la imagen fija y del texto, característico de la enciclopedia, la cosmopedia opone a un gran número de formas de expresión: imagen fija, imagen animada, sonido, simulaciones interactivas, mapas interactivos, sistemas expertos, ideografías dinámicas, realidades virtuales, vidas artificiales, etcétera. En última instancia, la cosmopedia contiene tantas semióticas y tipos de representaciones como se pueden encontrar en el mundo mismo. La cosmopedia multiplica los enunciados no discursivos.

Los paisajes y las fronteras de la cosmopedia son inestables como lo es el mundo y el pensamiento vivo, con zonas de mayor o menor estabilidad. Sus mapas están en redefinición permanente. Al igual que el mundo, no se le explora únicamente por el discurso, sino por un modo sensible, según caminos y proximidades llenos de sentido. Así es como hemos justificado el nuevo término. El conocimiento cosmopédico nos acerca más de lo que nos aleja del mundo vivido. Entendemos por ello que la relación con las representaciones eruditas podría simular la relación estética con el mundo, integrando en particular su componente de sensibilidad, imaginería, incluso su dimensión imaginaria. Se puede comprender la cosmopedia en un sentido metafórico, como figura ideal del conocimiento en el cuarto espacio. Pero intelectos colectivos pueden también tratar de construir efectivamente su cosmopedia: técnicamente nada se opone a ello.

A nuestro entender, la característica principal de la cosmopedia, y lo que le da su valor, es precisamente la no separación. Para los intelectos colectivos el conocimiento es un continuum, un gran mantel de retazos del cual cada punta puede plegarse sobre cualquiera otra. La cosmopedia desmaterializa las separaciones entre los conocimientos. Disuelve las diferencias entre las especialidades en tanto que son territorios donde se ejercen poderes, para solo dejar subsistir zonas de contornos difusos, estructuradas por conceptos de alcance variable y objetos en redefinición permanente. A una organización rígida de los conocimientos de disciplinas discretas y jerarquizadas (típico del territorio) -o al desmembramiento caótico de las informaciones y datos (típico de la mercancía)- se le substituye entonces una topología continua y dinámica.

Los miembros de una comunidad pensante indagan, inscriben, conectan, consultan, exploran. Su conocimiento colectivo se materializa en una inmensa imagen electrónica pluridimensional, en perpetua metamorfosis, agitándose al ritmo de las invenciones, de los descubrimientos, casi viva.

La cosmopedia pone no solo a disposición del intelecto colectivo el conjunto de conocimientos disponibles y pertinentes para él en un momento dado, sino que se ofrece igualmente como un lugar mayor de discusión, de negociación y de elaboración colectiva. Al ser imagen plural del conocimiento, la cosmopedia es el tejido mediador entre el intelecto colectivo y su mundo, el intelecto colectivo y él mismo. Los conocimientos ya no están separados de las cuestiones concretas que le dan sentido, ni de las prácticas que los engendran y que ellos modifican a su vez. Según las zonas de utilización y los trayectos de exploración, las jerarquías se invierten entre utilizadores y conceptualizadores, autores y lectores. Cualquiera que se contente con consultar un aspecto de bioquímica o de historia del arte será capaz de inscribir nuevos enunciados sobre tal sector de la electrónica o de la maternidad de los bebés del que es especialista.

En la cosmopedia, toda lectura es una escritura. La cosmopedia es como un espacio relativista sometido por la consulta y la inscripción. La inscripción propiamente dicha hace "cirugía" (cortes, costuras, trasplantes, operaciones discontinuas en general); la consulta, sin embargo, equivale a un masaje/doblado del espacio (inflexiones, operaciones continuas). Las preguntas, las interrogaciones sin respuesta ponen en tensión al espacio cosmopédico, señalan las zonas que llaman a la invención, a la innovación.

La cosmopedia opone una nueva simplicidad a la complejidad desencadenada que nos desgastamos en organizar por trascendencias o en hacer circular por redes cada vez más complejas. Evidentemente, no nos referimos aquí a alguna simplificación mutiladora, llevada a cabo violentamente desde el exterior, sino a una simplicidad esencial, resultante de un principio de organización inmanente al Espacio del conocimiento. Después de atravesar el caos y las grandes cifras, más allá de los hechizos sobre la complejidad, tenemos aquí a la simplicidad que nace de la implicación.

La cosmopedia, espacio continuo de las proximidades, implica primeramente en su estructura dinámica los vínculos, lazos y relaciones entre los enunciados. La situación, el contexto, los confines de una proposición no tienen que ser explicitados por discurso ya que están implicados en la forma moviente de la imagen. El contexto, las referencias, las coherencias conceptuales o prácticas de cada proposición no hay que recordarlas más puesto que están ya ahí, y la manera en que una nueva proposición se vincula al contexto (a otras proposiciones o a partes enteras de la cosmopedia) es materializada por posiciones relativas, proximidades, colores, luminosidades.

El intelecto colectivo forma, modela, pule, esculpe la imagen de su conocimiento y de su mundo más que traducirlo discursivamente. Repitámoslo, la simplificación resulta de la reducción considerable de la parte de texto en la exposición del conocimiento gracias a la implicación de las informaciones sobre las relaciones en la forma misma del "espacio-cosmopedia". Se puede tomar una analogía en el paso de los portulanos a los mapas, cuando un gran número de relatos se encontró resumido en una sola imagen que contenía todas las informaciones necesarias para los navegantes. Pero dos puntos fundamentales distinguen la invención de la cosmopedia del paso a los mapas geográficos. Primeramente, aquí es el Espacio del conocimiento mismo que se cartografía dinámicamente y no solamente una parte del universo de referencia de una comunidad. Segundo, la simplificación no resulta de la proyección de un sistema de coordenadas trascendente, sino de una autoorganización sobre un plan de inmanencia.

En efecto, ¿a quién implica las relaciones entre los enunciados en el espacio de la cosmopedia? Al intelecto colectivo mismo, a sus navegaciones, a sus trayectos de inscripción, a sus líneas de inercia en el plano de inmanencia de sus conocimientos. Las relaciones entre los enunciados cosmopédicos solo se implican en la estructura de la gran imagen multidimensional porque los miembros vivos del intelecto colectivo lo están también. Son ellos los que segregan y tejen y cosen y pliegan el Espacio del conocimiento, y todo ello en el interior mismo de este espacio.

Desde que se sumergen en la cosmopedia, todo el espacio se reorganiza alrededor de ellos, según su historia, sus intereses, sus interrogaciones, sus enunciaciones anteriores. Todo lo que les concierne los envuelve muy cerca, se dispone al alcance de la mano. Lo que les interesa poco, se aleja. Las distancias son subjetivas. Las proximidades reflejan significaciones en contexto. Es por la implicación que se filtra los grandes números del Espacio de las mercancías. Es por la simplicidad de la inmersión que escapamos a su complejidad, a sus redes laberínticas.

Una vez que se sumergió, el miembro del intelecto colectivo nada (navega, consulta, interroga, inscribe…), luego vuelve a salir. Al ser memoria del agua numérica, su nado ha modificado la estructura del espacio común, así como la forma y la posición de su propia imagen en la cosmopedia (su navegador personal). Y así sucede en cada inmersión, en cada nado. De conjunto organizan el espacio, lo dibujan y lo vuelven a perfilar, lo evalúan, lo colorean, lo calientan y lo enfrían. Cada uno contribuye a construir y a ordenar un espacio de significación compartido sumergiéndose en él, nadando en él, viviendo en él, simplemente.

Filosofía de la implicación

Partimos del intelecto colectivo y de su mundo, y no de cultura y de naturaleza. El mundo del intelecto colectivo es a la vez su universo de referencia, su "cultura" (si se quiere absolutamente emplear el término), su percepción de sí mismo y su identidad efectiva sobre el Espacio del conocimiento: aspectos indisociables de una misma realidad moviente en autoorganización.

En la epistemología corriente, de la cual ya hemos indicado su apego al Territorio, el sujeto construye su objeto de conocimiento. Dicho sujeto puede ser un sujeto trascendental, que impone al objeto las formas a priori y las categorías a través de las cuales lo capta (tiempo, espacio, causalidad, etcétera). Puede ser un sujeto científico que somete el objeto a sus medidas, a sus conceptos, a su teoría. Se ha aún propuesto trascendentales históricos, sujetos abstractos emergiendo de configuraciones culturales que elaboran y perciben sus objetos por lenguas, técnicas de grabación y de comunicación, instituciones, grandes formas organizadoras, imaginarias o simbólicas. El empirismo, por el contrario, describe objetos que vienen a imprimirse en el sujeto, una inteligencia formada por sus experiencias. Entre las dos posiciones (sujeto empírico impresionado o sujeto trascendental impresionante) vienen a inscribirse diversos intermediarios: estructuras innatas iniciadas por la experiencia, el sistema complicado de las acomodaciones y de las asimilaciones, la dialéctica de las interacciones. Aunque todos estos enfoques de las relaciones entre sujeto y objeto de conocimiento tengan ciertamente su campo de validez, ninguno corresponde a la situación que prevalece en el Espacio del conocimiento. En efecto, ellos parten del sujeto, o bien del objeto, o bien aún de su interacción, pero los dos términos son primeramente pensados en exterioridad.

En el Espacio del conocimiento, su objeto construye el sujeto. Ahora bien, el objeto, no lo olvidemos, es aquí el recomienzo perpetuo del devenir del intelecto colectivo y de su mundo. Es como si dijéramos que el sujeto es fabricado por el sujeto.7 En cuanto al mundo, no se trata justamente de un mundo "objetivo", sino de un mundo del intelecto colectivo, el que piensa en él.8 El mundo del intelecto colectivo, el que para él significa, piensa en él, y por consiguiente lo constituye como intelecto colectivo. Es su mundo, - siempre en estado naciente – el que hace la identidad en devenir del intelecto colectivo. El sujeto implica el objeto. Diáfano, el intelecto colectivo cubre a su mundo pensante.

Pero con el mismo movimiento, en el Espacio del conocimiento, los objetos son constituidos por sus sujetos colectivos. Aquí, el sujeto no construye su objeto sobre el modo trascendental, en exterioridad, al vuelo, a manera de un filtro, de una rejilla, sino sobre el modo de la implicación. El intelecto colectivo combina sus prácticas, sus esperanzas, sus intereses, sus negociaciones, deposita sus brotes vivos, sedimenta su devenir subjetivo, concreta sus afectos y, al hacerlo (haciéndose) segrega su mundo. Entonces, en el espacio del conocimiento, el objeto de conocimiento es precisamente la dinámica cognitiva la que logra la reproducción del colectivo inteligente. Es, pues, como si se dijera que el objeto se produce a él mismo. El objeto es una implicación de subjetividades agotadas, apretadas, amasadas, añadidas de nuevo y siempre.9 De manera que conocer o implicarse en un objeto, es como darle existencia. El intelecto colectivo, por su naturaleza misma, no cesa de conocer y por consiguiente de fabricar su mundo, de producir ser. En el Espacio del conocimiento, objetos y sujetos están siempre implicados uno en el otro. Desde su nacimiento, su mundo es la otra cara del intelecto colectivo. ¿Esta filosofía de la implicación no declina alguna transformación contemporánea del conocimiento absoluto hegeliano? No.

No, primeramente porque las formas de conocimiento de la Tierra, del Territorio y de las Mercancías persisten. Ellas no son reabsorbidas, suprimidas, rebasadas y conservadas en el Espacio del conocimiento, como lo quisiera una filosofía de estilo hegeliano, sino que subsisten integralmente en su propio espacio. No, en segundo lugar, porque el Espacio del conocimiento no despliega la interioridad dialéctica de un solo y único megasujeto molar del conocimiento absoluto: el Espíritu, Dios o el Filósofo, capaz de transformar toda contingencia en razón, de traducir la totalidad. Por el contrario, una variedad indefinida de intelectos colectivos leen, escuchan y constituyen el Espacio del conocimiento, cada uno despliega en él su mundo, de manera que este espacio se abre indefinidamente a alteridades, a otros espacios, a un porvenir indeterminado: vive de esta apertura y de esta heterogénesis.10 Es plural por esencia, en vías de pluralización dinámica. Lejos de ser regido por una progresión orgánica y necesaria, cuasi intemporal, es animado por el surgimiento de singularidades, en espera de creaciones. En el Espacio del conocimiento, los pensamientos son mundos en estado naciente. Hegel describe el devenir molar de un sujeto total. Los intelectos colectivos alientan procesos de subjetividad moleculares, bifurcantes. En el sistema hegeliano, el devenir es el automovimiento del Concepto. En la perspectiva de los intelectos colectivos, el automovimiento de los devenires se expresa en productividad ontológica y conceptual abierta.

Esto en referencia a las diferencias entre la filosofía hegeliana y la de los intelectos colectivos. Pero una afinidad esencial persiste: el objetivo de reconciliación del pensamiento y del ser, incluso si se trata, para los intelectos colectivos, de una variedad abierta de cualidades de ser y de modalidades de pensamiento. El pensamiento y el ser, la identidad y el conocimiento, el intelecto colectivo y su mundo, no se contentan con coincidir, están comprometidos en un proceso ininterrumpido de pluralización y de heterogénesis.

Tabla general de los cuatro espacios
La relación con el conocimiento

 


Tierra

Territorio

Espacio de las mercancías

Espacio del saber

Instrumentos de navegación

Relatos

Algoritmos

Portulanos

Proyección de un cielo sobre una tierra

Sistemas

Mapas

Estadísticas

Probabilidades

Mundos virtuales

Cinemapas

Objetos

Devenir-comienzos

Rituales

Geometría

"Leyes" de la naturaleza

Estabilidades

Flujo

Fuego

Muchedumbres

Objetos de las "ciencias humanas"

Significación

Libertad

Configuraciones dinámicas de colectivos sujetos-objetos-lenguajes

Reinicio del devenir del intelectual colectivo

Sujetos

Los viejos

Los comentadores

Los sabios

Los colectivos inteligentes

La humanidad

Soportes

La comunidad tomada en su sustancia

El Libro

De la biblioteca al hipertexto

La cosmopedia

Epistemologías

Empirismo

Fenomenología

Racionalismo

Idealismo trascendental

"Método científico"

"Paradigmas"

Teoría de la acción y de las redes (operatividad, tecnociencia)

Teoría del relato (Modelaciones, simulaciones, escenarios)

Teoría del arte (Inteligencias artificiales, vidas artificiales)

Práctica social del saber como continuum viviendo en constante metamorfosis

Construcción del ser por el conocer

Filosofía de la implicación

  • 1. Michel Serres, Les origines de la géométrie, op.cit.
  • 2. Thomas Kuhn, La structure des révolutions scientifiques, Flammarion, París, 1983. Para una excelente discusión crítica de las principales tesis epistemológicas contemporáneas, ver, de Isabelle Stengers, L’invention des sciences modernes , La Découverte, París, 1993. Esta última obra contiene sin duda una de las más refinadas de las éticas de las ciencias (y del conocimiento en general) que haya sido formulada hasta el presente.
  • 3. La epistemología (o más bien la antiepistemología) de la tecnociencia fue hecha por Bruno Latour y la nueva escuela de antropología de las ciencias y las técnicas. Ver, por ejemplo, de Bruno Latour, La science en action, La Découverte, 1989, y, bajo la dirección de Michel Callon, La science et ses réseaux, La Découverte, 1989. Sobre el problema de la circulación en la ciencia contemporánea, se consultará igualmente con provecho, de Charles Halary, Les exilés du savoir, les migrations scientifiques internacionales et leurs móviles, L’Harmattan, París, 1994.
  • 4. Michel Serres, Le système de Leibniz et ses modèles mathématiques , PUF, París, 1968. Ver igualmente, del mismo autor, La traduction, Minuit, París, 1972 y L’interférence, op.cit.
  • 5. Sobre las simulaciones infográficas como instrumentos de imaginación asistidos por ordenador ver, de Pierre Lévy, Les technologies de l’intelligence, op.cit, especialmente los capítulos 10 al 13, así como L'idéographie dynamique, op.cit.
  • 6. Para más detalles sobre la cosmopedia, ver de Michel Authier y Pierre Lévy, La cosmopédie, une utopie hypervisuelle, op.cit.
  • 7. Sobre la noción de fabricación de un sujeto por él mismo, o de autopoiesis, ver, de Francisco Valera, Autonomie et connaissance, op.cit.
  • 8. Pierre Lévy, Le cosmos pense en nous , op. cit.
  • 9. Sobre la construcción del objeto por implicación de subjetividades, ver, de Michel Serres, Statues, François Bourrin, París, 1990.
  • 10. Sobre la noción capital de heterogénesis, ver, de Felix Guattari, Chaosmose, Galilée, 1992. La heterorénesis - o el engendramiento de la alteridad - se opone a la homogénesis o a la homogeneización (que nos hace pensar a la “leche homogeneizada”) que consiste en engendrar o fabricar lo semejante a sí, lo homogéneo.

tope del textoimprimirPrimeroÚltimo

Inteligencia Colectiva © Copyright 2003 - 2004 http://inteligenciacolectiva.bvsalud.org/