Inteligencia Colectiva

por una antropología del ciberespacio

Pierre Lévy

11. Figuras de espacio y de tiempo

Tierra: vestigios de huellas, inmemoriales

Los nómadas en la Tierra trazan huellas: líneas de migración de las manadas de renos o de bisontes, recorridos según la aparición periódica de puntos de agua, el desplazamiento de los lugares de recolección, según las estaciones.

Los Dioses o los ancestros en sus peregrinaciones nombraron a las montañas, a los ríos, a los peñascos, a los grandes árboles. Los lugares relevantes de la Tierra nómada son los osarios, los restos de gigantomaquias, de batallas heroicas. En todas partes se erigen los testigos de amores prohibidos entre las mujeres y los Dioses. Aquí y allá, las formas petrificadas de los animales del mito se perfilan en el cielo de la prehistoria.

La Tierra es la memoria de los hombres. Su paisaje es el mapa de las epopeyas, el depósito de las sabidurías. Todo el espacio vive. Los cantos y los relatos cuentan la Tierra; la Tierra recuerda el tiempo del sueño, el tiempo de los orígenes que siempre está presente; y la Tierra muere, con los Dioses, si los cantos no se retoman, si los viajes no se emprenden de nuevo, si las huellas son abandonadas.

Y se vuelve a partir, en marcha por la Tierra, siguiendo las trazas de los ancestros. Se regresa a los mismos lugares, se vuelve a cantar a la Tierra. Y el pasado revive, que nunca pasó. Aquí, el espacio es recorrido por fuerzas, marcado de sitios privilegiados, de intensidades, de centros, cerrado por áreas prohibidas. La Tierra engendra un espacio de calidades, de intensidades, un espacio-memoria, un espacio-narración. Es la encarnación de una subjetividad colectiva en un cosmos.

Cuando se produce la novedad, y se produce inevitablemente, los clanes la inyectan en el tiempo de los orígenes. La invención es una reminiscencia. De manera que por una especie de retorno cósmico, el devenir en la Tierra alimenta la eternidad. El tiempo de la Tierra, nosotros lo llamamos lo inmemorial.

La Tierra inmemorial transporta su tiempo consigo, ella está siempre ya presente, nunca pasada. Estamos en la Tierra cuando se va a la Luna. Los peregrinos, los viajeros, los aventureros y los poetas despiertan la Tierra. Todo espacio habitado reconstituye la Tierra.

Territorio: El cercado, la inscripción, la historia

"Al primero que, luego de haber cercado un terreno, se le ocurrió decir: Esto es mío, y encontró gente bastante ingenua para creerlo, ese fue el verdadero fundador de la sociedad civil".1 El fundador de la civilización, del Territorio. Pero aquí, más que en la apropiación, centramos la atención en el gesto mismo del cercado, en el trabajo de movimiento de tierra, de excavación de una zanja. El fundamento es el acto mismo que crea el Territorio. Cada vez que se funda, en el sentido de la ingeniería y de la arquitectura, como también en el sentido de la instauración por la duración, se extiende el imperio del Territorio.

La fundación2 es la génesis de un espacio y la inauguración de un tiempo: no la inscripción en un lugar ya existente, ni el establecimiento en una duración preexistente, sino el engendramiento y la extensión de un espacio-tiempo propiamente territorial que solo se sostiene por un trabajo de fundación y refundación perpetuo. Fundación e imperio.

El campesino delimita el campo, lo reconoce, lo labora y lo siembra. El rey excava sus fosos, erige murallas alrededor de la ciudad, edifica en el centro su palacio. El sacerdote circunscribe el espacio sagrado, erige las columnas del peristilo, prepara el sanctasanctórum en el corazón secreto del templo para alojar en él un ídolo, un altar o la ausencia. El escribano prepara la tablilla de arcilla, el papiro, el pergamino, la página, inscribe en ella el texto, rodeado por su margen. Es siempre el mismo y doble gesto de territorialización: delimitación de una superficie, luego edificación, plantación, inscripción sobre la superficie consagrada.

Los cercados encierran los animales domésticos, marcados, seleccionados. Las fronteras impiden el paso de los nómadas, cortan las huellas. El Estado encierra a los errantes. Canales y caminos canalizan los flujos. Aduanas, taquillas, puertas, esclusas, restablecen sin cesar lo de dentro y lo de fuera. Para los escribanos, los exámenes y concursos levantan barreras alrededor del saber.

El tiempo prosigue. Porque el Territorio hace tiempo con el espacio. El limes romano, la gran muralla de China, todas las fortificaciones son murallas contra la desaparición y el olvido, esfuerzos para durar, quedar, no pasar. El tiempo corre a partir de la fundación de la Ciudad, desde la instauración de la dinastía. El campo trabajado, sembrado, llama la cosecha, más tarde, por el juego de una diferencia, de un diferido que crea el tiempo territorial. La agricultura instaura las reglas y los riesgos de la duración, del atraso, de las provisiones. Existen los graneros, los silos, los almacenes, las bodegas, los tesoros enterrados, la previsión para los años de vacas flacas, la apuesta por el futuro.

Reservas de sentido, la página rubricada, sembrada de signos, llama, más tarde, la lectura, la interpretación, el comentario. La escritura dura, perpetúa el discurso. Las palabras vuelan, los escritos permanecen.

No hay un antes y un después porque hay un dentro y un fuera. El Territorio secreta el tiempo lineal de la historia. La historia no va más rápido que lo inmemorial, es otra velocidad, otra calidad de tiempo: la lentitud del Territorio.

Mercancía: circuitos, tiempo real

Una vez deterritorializados, hombres, cosas, técnicas, capitales, signos y conocimientos se renuevan y giran sin fin en los circuitos de la mercancía. Las estrategias mercantiles no erigen más barreras, establecen redes, organizan cortocircuitos. Redes de comunicación, de transporte, de distribución y de producción se entrelazan de manera inextricable, tejiendo un espacio de circulaciones.

El capitalismo es planetario. El curso de los acontecimientos en un continente afecta la menor actividad en otro: los circuitos han construido la interdependencia mundial.

La circulación devora, recubre, obstruye, ahoga, ensordece la ciudad. Ella horada, despedaza, corta el campo. La distinción territorial entre la ciudad y el campo ya no es válida: dar paso a lo urbano. En las inmediaciones de las minas, alrededor de los puertos, a lo largo de las vías férreas, lo urbano crece y hace metástasis. Atravesado por carreteras y autopistas, calado por metros, surcado por líneas de autobuses o de tranvías, sobrevolado por aviones, nudo de vías, de canales, de redes, depósito dejado por todos los flujos, lo urbano es una ciudad cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna parte.

Los barrios de almacenes, las zonas industriales, las urbanizaciones obreras perdidas entre un campo de remolacha y un aeropuerto, la "periferia", las "nuevas aglomeraciones", los centros comerciales, todos esos lugares sin sitio, no consagrados, sin historia, aglomerados por nuevos circuitos, no acaban por conformar una ciudad. Están poblados, pero no se sabe habitarlos.

Las ciudades gigantes ya no son ciudades. Ciudades-mundo, megalópolis inflacionistas, agujeros negros en el planeta, monstruosos atractores: Lagos, Calcuta, El Cairo, México, Los Ángeles la inevitable, la ciudad de los automóviles, Tokio, la ciudad caos.

Pero no es lo urbano lo que dibuja la figura espacial de la Mercancía, solo es la traza en el territorio de la aceleración de los móviles (hombres, cosas, capitales, signos y otros). Tierra abandonada, Territorio deterritorializado, lo urbano manifiesto, el reverso de los circuitos, el aspecto de las redes del exterior cuando se está desconectado. El espacio de las mercancías vive completamente en el interior de sus circuitos, en la autopista o en el tren, no en el paisaje atravesado; en el avión, no en el pueblo cerca del aeropuerto. Es el espacio intensivo de los móviles, un espacio-movimiento donde se disfruta de la velocidad, de la aceleración, de la ubicuidad, de los contactos instantáneos. Y los vínculos individuales de la red circulan aún por otras redes: la televisión en el bolsillo, los auriculares en las orejas, el ordenador portátil en el maletín, el fax portátil, el teléfono móvil. Los móviles en los móviles combinan sus velocidades, intercambian sus mensajes, se entrecruzan en un espacio moviente, relativo, donde todo se mueve en relación con todo, donde la distancia no es nada y la velocidad lo es todo.

La teoría de la relatividad de Einstein es evidentemente hija del espacio-movimiento de las mercancías, como atestiguan las experiencias de pensamiento que lo ilustran: relojes, trenes, ascensores, naves espaciales, unas dentro de otras, sus velocidades comparadas. La teoría del inventario cero anula la interacción territorial del porvenir y la duración. El aplazamiento se desvanece en el mundo de cero-demora de la industria como en el de las trasmisiones en vivo de los medios de comunicación. El tiempo real, en fin, en el campo de las telecomunicaciones y de la informática designa la inmediatez de la transmisión, del cálculo y de la respuesta, el tratamiento y la presentación instantánea de las informaciones. En el horizonte de las aceleraciones, en el ojo del huracán de las velocidades, el tiempo real, inmóvil, mueve el espacio-tiempo de las mercancías. El tiempo real es la realidad del tiempo mercantil, su entelequia, su ideal: un tiempo ya no secuencial, sino paralelo, ya no lineal, sino puntual, un tiempo de la simultaneidad, el límite de las aceleraciones.

El más alto grado del tiempo real concierne las organizaciones. Se llevan a cabo una relativa desmaterialización de las estructuras organizacionales. Última deterritorialización: los organigramas, los procedimientos de producción, las arquitecturas administrativas son transferidas a programas y así movilizadas, flexibilizadas. La empresa virtual se adapta en tiempo real a las transformaciones del mercado. Aquí nos acercamos a los parajes del espacio del saber. Pero no se alcanzará acelerando aún más. Se necesita un salto cualitativo. Otras velocidades, otras intensidades animan los intelectos colectivos.

Saber: tiempos subjetivos, espacios interiores

En el Espacio del saber, los intelectos colectivos derogan la exterioridad del tiempo a favor de un florecimiento de temporalidades subjetivas.3

El tiempo del reloj y del calendario, el tiempo del horario de actividades, el tiempo mecánico, patrón de las velocidades, el tiempo que sincroniza las acciones, coordina las organizaciones, todos estos tiempos se alinean en la carrera regular de los astros.4 El tiempo trascendente cae del cielo para someter a la Tierra. Es el tiempo unificador del Territorio. El reloj, el gran reloj de los tiempos modernos 5 es sincronizado al tiempo de las máquinas y de las cadencias infernales, al tiempo del trabajo asalariado, al tiempo de transporte, al tiempo muerto, al tiempo robado, al tiempo del tedio. El Territorio había homogeneizado, sometido con gran trabajo a los tiempos vivos, subjetivos. La mercancía los expropia.

En el Espacio del saber, los intelectos colectivos segregan sus propias periodicidades, los individuos retoman sus temporalidades subjetivas.6 El Espacio del saber suprime el diferido, pero no en el modo de la mercancía, acelerando hasta el tiempo real, ya que el tiempo real se refiere al reloj, a un tiempo del exterior. El Espacio del saber anula el diferido cambiando de referencial: él se alimenta en los tiempos interiores. Duraciones rápidas, intensas, enteras, contenidas todas en un impulso; calma, tranquilidad de las maduraciones colectivas: esas velocidades, esas lentitudes no tienen ninguna relación con el reloj o el calendario, ellas solo se refieren a ellas mismas, son cualidades de ser. En el espacio del saber, los tiempos fluyen de todas las fuentes vivas y se mezclan. Los tiempos brotan y se responden como ritmos.

El diferido contradice los ritmos interiores. El atraso burocrático destruye los impulsos. La velocidad loca del tiempo real apresura y mata lo que quiere crecer lentamente. Pero por ello, el intelecto colectivo no pide todo, enseguida. El cuarto espacio rechaza el reino ciego del "vivir sin tiempo muerto y disfrutar sin impedimentas".

Al reproche de utopía, nosotros replicamos: sí, el espacio del saber es utópico, pero es una utopía posible. En efecto, se pudiera temer que esas temporalidades subjetivas se encierren en sí mismas, que solo conduzcan al aislamiento, al autismo, a "la idiotez" (en el sentido etimológico de la palabra "el idiota" como alguien especial peculiar). A este peligro, oponemos dos estrategias, una defensiva, la otra ofensiva.

Defensiva: recordemos que los intelectos colectivos no suprimen los espacios anteriores, les basta con desplegar otras cualidades de ser, otros tiempos. En sus esferas, las sincronizaciones territoriales y mercantiles operan siempre.

Ofensiva: el secreto del Espacio del saber es precisamente la posibilidad técnica, efectiva, de componer temporalidades personales para la creación de una subjetividad colectiva y de hacer repercutir el tiempo colectivo, emergente, en las subjetividades individuales. Siguiendo su propio ritmo, los individuos no están pues condenados al aislamiento.

Por ejemplo, en el dispositivo de los árboles de conocimientos,7 son los curricula de aprendizajes de los individuos los que estructuran el árbol de conocimientos de una comunidad. Ahora bien, estos curricula no están atribuidos al tiempo del calendario: las fechas de adquisición de cada patente no figuran ahí. Solo se considera el empuje subjetivo de los aprendizajes, su orden inmanente. Así, los "agujeros", las lagunas, estos momentos que solo son vacíos o huecos respecto a una temporalidad trascendente no serán inscritos en el Espacio del saber. "¿Qué hacía Usted en los tiempos calientes? Yo cantaba, aunque le disguste..." Además, los blasones cognoscitivos de los individuos, proyecciones de sus curricula en el árbol no registran incluso ya las órdenes de adquisición personales, sino que refieren las competencias de cada uno a un orden colectivo emergente, el del árbol comunitario, y permite así a los individuos orientarse en función de una situación, de un contexto, compartido por todos los otros miembros del intelecto colectivo. Las temporalidades subjetivas componen un espacio común.

Lo hemos visto, el tiempo real de la mercancía supone una previa domesticación de los tiempos por el Territorio, la trascendencia del tiempo celeste. Además, el Espacio del saber no habrá podido tomar su autonomía, su irreversibilidad, sin usar tecnologías del tiempo real producidas en el espacio mercantil. Pero estas tecnologías son devueltas hacia el interior, utilizadas con otros fines, para construir no ya simultaneidades en un tiempo exterior, sino ajustes de ritmos vivos, comunidades de sentido en dinámica, situaciones asincrónicas.

El espacio es el resultante de ello. A partir del tiempo del pensamiento colectivo, se forman y se transforman espacios de significación, extendidos por proximidades subjetivas, por distancias interiores.

El espacio del saber emerge del devenir colectivo

Los intelectos colectivos se arrogan un tiempo subjetivo porque su cronología no está referida a ningún espacio exterior, preexistente, a ningún movimiento físico. Su tiempo avanza, crece, deviene. Según la oposición puesta en escena por Norbert Wiener al comienzo de Cybernetics,8 ese sería un tiempo bergsoniano, más que newtoniano.

El intelecto colectivo invierte las relaciones entre el tiempo y el espacio que había instaurado el Territorio. Recordamos que el Territorio hace fluir su tiempo desde una fundación, que es una operación sobre el espacio. Él construye su duración partiendo de un dentro y de un fuera. Para controlar y orientar los devenir, utiliza dispositivos espaciales: muros, canales, taquillas, puentes levadizos, laberintos burocráticos, círculos concéntricos sin fin de la exclusión y de la pertenencia.

Ahora bien, el intelecto colectivo va completamente a la inversa de las vías del Territorio ya que transforma el tiempo en espacio. El intelecto colectivo se organiza alrededor de dispositivos que traducen una multitud de acontecimientos o de devenir colectivos en un espacio dinámico y cualitativamente diferenciado (se trata evidentemente de un espacio de signos, cartográfico, y no de un espacio físico).

El Territorio quiere perpetuar fronteras, jerarquías, estructuras. Sin embargo, el Espacio del saber está siempre en estado naciente. Emerge perpetuamente de los actos y de las historias singulares que animan a los intelectos colectivos. No es jamás estructurado a priori, por el contrario: expresa, cartografía, hace visible trenzas de duraciones subjetivas y forzosamente imprevisibles.

No se puede cavar fronteras del exterior, compartirlo, lograr imperios, delimitar áreas sagradas, proclamar ahí "este campo es mío", instalar aduanas. Si se hiciera eso, ipso facto ya no sería el Espacio del saber, sino, nuevamente, el Territorio de siempre.9 Sería necesario, pues, reconstituir por encima de él un nuevo espacio liso, sin barreras, continuo, que acogen las figuras múltiples y móviles que trazan los devenir colectivos. Las comunidades de inteligencia evitan el Territorio, incluso se evaden de las redes de la mercancía hacia un Espacio del saber que ellas producen pensando, soñando, errando.

Quizás lo urbano seguirá inhabitable para circuitos mercantes. Todo deja entrever que continuará extendiéndose. Pero por encima de él se inicia la conferencia electrónica, el mantenimiento infinito de los intelectos colectivos. Más allá de Los Ángeles: los ángeles, megapolis de signos, ciudad visible en fin del espíritu, en la noche, en el cielo multiplicado de las pantallas.

Tabla general de los cuatro espacios
Identidades semióticas, espacios, tiempos

 


Tierra

Territorio

Espacio de las mercancías

Espacio del conocimiento

Punto de irreversibilidad

70.000 AC

3.000 AC

1.750

2.000?

Identidades

Relación con el cosmos

"Microcosmos"

Filiación

Alianza

Relación con el territorio

"Micrópolis"

Propiedad

Dirección

Relación con la producción y los intercambios

"Pequeña casa"

Oficio

Empleo

Relación con el conocimiento en toda su diversidad

"Policosmos"

Identidad distribuida y nómada, en oposición a las identidades de pertenencia

Identidad cuántica

Semióticas

Presencia

Participaciones mutuas de signos, cosas y de seres

Correspondencias

Ausencia

Corte y articulación entre el signo, la cosa y el ser

Representaciones

Ilusión

Desconexión entre el signo, la cosa y el ser

Propagaciones

Productividad semiótica

Implicación de seres en los mundos de significado

Mutaciones

Figuras de espacios

Líneas de huellas

Espacio-memoria

Cercados

Fundaciones

Redes

Circuitos

Urbano

Espacios metamórficos emergentes de devenir colectivos

Figuras de tiempos

Inmemorial

Historia

Tiempos "lento", diferido, engendrado por las operaciones espaciales de cercado y fundación

Tiempos reales

Tiempo abstracto y uniforme de los relojes

Reapropiación de las temporalidades subjetivas

Ajuste y coordinación de ritmos

  • 1. Jean-Jacques Rousseau, Discours sur l’inégalité, segunda parte, 1754.
  • 2. Michel Serres, Rome, le livre des fondations, Grasset, París, 1983.
  • 3. "Il y a plusieurs durées dans votre vie, il y a plusieurs eaux mélangées dans le temps". Christian Bobin, La part manquante, Gallimard, Paris, 1989, p. 29
  • 4. Y desde hace poco en el período de radiación del átomo de cesium (isótopo 133).
  • 5. En el célebre film de Charles Chaplin Les temps modernes (1933), el obrero « Charlot » es martirizado por las máquinas y las cadenas de montaje de una fábrica y casi crucificado en las agujas de un gran reloj.
  • 6. “Existen muchas duraciones en vuestra vida. Existen muchas aguas mezcladas en el tiempo”. Christian Bobin, La part manquante, Gallimard, 1992.
  • 7. Michel Authier y Pierre Lévy, Les arbres de connaissances, op.cit.
  • 8. Norbert Wiener, Cybernetics, MIT Press, New York, 1961.
  • 9. Si existen hoy tantas barreras para el acceso al saber, es evidentemente porque la Escuela, la Universidad, las disciplinas están estructuradas como territorios.

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